domingo

La risa de Hrotsvitha de Gandersheim....

A Hrotsvitha la conocí a través de un texto de Maria Milagros Rivera y me fascinó. Mujer y escritora europea, conocida y más tarde reconocida por su obra que fue bastante extensa. Fue la primera mujer, y la primera persona, que escribió teatro en la Europa medieval. Además supo expresar su conciencia de identidad femenina y la supo reflejar en sus obras, en donde las mujeres salían victoriosas en enfrentamientos constantes con los hombres, a los que en más de una ocasión ridiculizaba antes de obtener la victoria sobre ellos, en unas batallas peculiares. En todo caso y muy importante: a través de lo que escribe crea un espacio material y simbólico para las mujeres. Aunque debo reconocer que lo que más me gustó y me impresionó al conocer a Hrotsvitha fue su sentido del humor, impensable para mí una figura así,  de un convento...prejuicios, lo sé, pero es así. He descubierto que los conventos y las abadías eran espacios de mujeres, donde la jerarquía eclesiástica estaba y ocupaba un lugar, pero donde se pudo crear espacios propios de libertad y de interpretación de la vida, la religión.
Hrotsvitha fue canonesa de la abadía de Gandersheim, por lo que se deduce que su familia pertenecía a la aristocracia sajona. Tuvo acceso a los autores clásicos y a sus contemporáneos, así que tuvo acceso a la cultura y a la escritura, también a la lectura de autores cristianos y paganos, y parece ser que sintió pasión hacia ellas, pero creo que sobre todo su imaginación y la educación recibida ayudaron a desarrollar de la forma que lo hizo su escritura. En la obra de Hrotsvitha las mujeres son las protagonistas de sus dramas, en algunas ocasiones salen victoriosas, en otras aprenden. Obras siempre en relación con la religión, los milagros, los y las santas, la castidad, el pecado… y la mujer como protagonista. Llama la atención de esta autora lo que parece ingenuidad con la que explica y relata, una sencillez que puede parecer que no dice nada trascendente y que en cambio, tal y como lo sabe leer e interpretar María Milagros Rivera, es capaz de decir muchas cosas y muy interesantes. Se hace eco a través de su escritura de los espacios femeninos de su época, sus preocupaciones, anhelos, vivencias, y lo hace de forma original y además utilizando el sentido del humor para expresar todo esto. Las obras de Hrotsvitha se leían en público y probablemente al leerlas lo hicieran interpretando, poniéndose en el papel de los personajes para dar más credibilidad. Crea un espacio de relación y socialización porque la lectura de sus textos son un espacio de solidaridad, de compartir entre mujeres, y Hrotsvitha era consciente de esto, por eso aplica el humor de las pantomimas, escenas para reírse a carcajadas y que debían representarse para que hicieran el efecto deseado. Utilizó la risa, un espacio negado a la mujer a lo largo de la historia, porque no era sonrisa sino carcajada, así se muestra una mujer transgresora para la época que utiliza formas negadas a las mujeres hasta el momento, y que seguirán molestando también en adelante. La risa es asociada a una sexualidad determinada en las mujeres, la carcajada es transgresora, descarada, como aquella entonces que la emite nos recuerda María Milagros. A pesar de esto, Hrotsvitha busca con su humor la carcajada, además es un humor que surge precisamente de ridiculizar a hombres, normalmente poderosos, dejados en evidencia por jovencitas indefensas, una lección de humildad para ellos y para ellas, un modo de tener fuerza. Pero también para valorar la cultura, el conocimiento como modo de defenderse ante los agravios machistas, porque las mujeres de Hrotsvitha son fuertes en conocimientos, tienen recursos que las hace salir airosas de las difíciles situaciones en las que se encuentran, y se hacen fuertes también en la relación con otras mujeres. La relación con otras mujeres y la autoridad materna es fundamental para salir o para superar los peligros y los dramas con los que se encuentran las protagonistas de sus obras, relaciones que fortalecen y ayudan a seguir adelante, a vivir o a morir con dignidad. Su conciencia de mujer le hacer resaltar las cualidades femeninas en sus obras.
Al conocer a Hrotsvitha he imaginado cómo compartía con sus compañeras sus textos, sus obras, cómo debían escandalizarse éstas, reírse, consiguiendo esa complicidad que se da cuando compartes el mismo sentido del humor, cuando te ríes de las mismas cosas, cuando utilizas el mismo lenguaje. Probablemente consiguió un ambiente distendido y de complicidad con sus compañeras a través del humor, relativizando de alguna manera el papel que a la mujer le había tocado vivir y señalando que a pesar que el hombre tenía el poder y la fuerza, la mujer podía conseguir un espacio propio y digno, y elegir el destino, que aunque limitado eran posibles opciones válidas. Aquí es donde ella veía a la mujer fuerte, con su opción a rechazar el matrimonio, la sexualidad dentro de él, optar por el celibato, entender la prostitución desde otro lugar, y tal vez aferrarse a la religión y a dios como opción válida para escapar del destino fatal del poder patriarcal de su sociedad. Poder patriarcal también en la iglesia pero que en la vida diaria no se hacía tan palpable, ya que los monasterios eran espacios de mujeres, más independientes, con posibilidades de un desarrollo intelectual y personal que fuera no hubieran tenido, donde además el lugar era gobernado por otras mujeres, y en el caso de canonesas gozaban de más libertades... el paraíso, si lo comparamos con otras formas de vida para las mujeres. Tal vez Hrotsvitha debió pensar que una de las formas de librarse de la censura de la jerarquía eclesiástica masculina era escribir esos prólogos ingenuos en los que por un lado se disculpa por su estilo y por otro parece que se está justificando, ya que al fin y al cabo su don, su inspiración, su imaginación, su sentido del humor transgresor, todo ello procede en parte del gran poder de dios, ella tan sólo es un poco responsable por haberlo desarrollado y atrevido a plasmarlo en papel, mediadora de dios. Y pedía disculpas por su estilo, pero cada vez menos, porque va adquiriendo conciencia de artista. En el artículo de Rivera Garreta El miedo a escribir dice: “En el siglo X, la sorprendente Hrotsvitha de Gandersheim se refiere a su propio talento (no sin ambigüedad) con el diminutivo ingeniolum; y solamente cuando el desarrollo de su propia obra le ha proporcionado seguridad, se permite el lujo de reventar el viejo juego humildad/orgullo, derivados ambos de su condición de mujer”. Sabía que tenía talento, que era buena escribiendo, pero antes de publicar dudó, y sólo fue capaz de reconocer en público su don después de haber sido leída y aprobada por la crítica, entonces será capaz de reconocer su talento, cuando Hrotsvitha cuenta con el apoyo de personajes intelectuales de la época, de la corte y de otros monasterios. Pero Hrotsvitha estaba dispuesta a seguir escribiendo, aún sin el apoyo de la crítica, y esa timidez que mostraba era ambigua al igual que esa supuesta fragilidad que señala en las mujeres que no les permite escribir como a los hombres. Divertida y perversa escribe lo que quieren oír sus posibles críticos-censores: la disculpa por atreverse, pero consciente de lo que escribe y el papel que da a la mujer en sus obras. Maravillosa, no?

sábado

Miedo a escribir...

Durante los estudios de este máster en más de una ocasión me preguntaron sobre el miedo a escribir de las mujeres, y yo no entendía, no sabía a qué se referían, no tenía ni idea que hubiese habido miedo, pensaba más bien que no les habían permitido hacerlo, que las habían ridiculizado, puesto trabas, hecho creer que no eran aptas para hacerlo....y claro, todo esto produce miedo y desconfianza en una misma. Así que cómo ha interpretado el feminismo el miedo a escribir fue uno de los temas que me llamó poderosamente la atención y ví que no iba mal encaminada. Las mujeres escritoras han expresado a lo largo de la historia su miedo a escribir, miedo a escribir que verbalizaban de diferentes formas: sintiéndose indignas en ocasiones, sin suficientes capacidades (por su sexo) para utilizar el medio escrito otras, medio que no sentían suyo porque la mediación con la que se debían expresar era supuestamente universalista pero no incluía a la mujer. Un espacio definido por y para los hombres, que por lo tanto resultaba ajeno para muchas mujeres, una cosa era acercarse para conocer y otra diferente producir en ese medio hostil. Miedo porque no había en la estructura simbólica lugar para ellas y si buscaban genealogía no la encontraban, o era realmente difícil encontrar. Miedo a las instancias de poder social que controlaban aquello que se podía decir, hacer y escribir. Instancias de poder al que ellas nunca pertenecían aunque fueran clase privilegiada . Miedo también a que su manera de hacer, de ser, de sentir y de estar en el mundo no fuera entendida, ni fuera significativa para éste (mundo masculino), a que lo escrito no tuviera valor ya que, aunque utilizaban la misma herramienta, no comunicaban lo mismo ni lo hacían del mismo modo a lo establecido. Al escribir debieron adaptarse, como el inmigrante que llega a un país con una cultura diferente, ellas debieron (para estar presentes) integrarse, fueron de alguna manera asimiladas por la cultura dominante, en este caso el patriarcado. Era un problema ser mujer, y ser mujer escritora un problema mayor. El feminismo ha interpretado este miedo a dos niveles: un nivel literal que se define por la lógica del poder social, donde se entiende que las mujeres van ocupando instancias del poder que compartirán con los hombres, estaría enmarcada en el principio de igualdad. Pero esto ha significado para la mujer prescindir de aspectos de su propia experiencia, de su sexo, para mantener así el orden simbólico establecido. Otro nivel de interpretación estaría en ése orden simbólico, miedo a no ser entendidas, a la incomunicación en definitiva. Que esas mediaciones que habían utilizado históricamente las mujeres para decirse no sirvieran sin una mediación viril, porque no serían entendidas ni admitidas, y por tanto acabarían siendo olvidadas porque no lograrían hacer orden simbólico ni para unos ni para las otras. Un simbólico que se debería ir trazando costosamente, porque en muchos casos sabían que no escribían para las mujeres (si hubiese sido así, probablemente no se hubiesen disculpado constantemente ni hubiesen tenido miedo a escribir, sino como prólogo para justificarse de cierta mediocridad, por ejemplo), o que su voz sólo llegaría a unas pocas privilegiadas. Me pregunto, ¿cuántas mujeres ante el miedo se quedaron bloqueadas y no escribieron? ¿a cuántas animaron para que no lo hicieran? ¿a cuántas probablemente ridiculizaron por el simple hecho de pensar que podían escribir? Machacadas constantemente, consideradas ignorantes, incapaces, inferiores, indignas…., ¿cómo podían creer que eran capaces de hacer y decir algo válido para un mundo en masculino? Tal y como señala Christine de Pizan en el prólogo de La Cité des Dames, dice que encontraba en todas sus lecturas párrafos vejatorios hacia las mujeres, que le hicieron dudar de sus propias capacidades y de aquello que sentía, aspecto que superó porque creyó en ella y se otorgó autoridad. Por suerte, muchas de ellas, como ya he dicho sobre Hrotsvitha, no se consideraron mediocres, tampoco endebles ni faltas de inteligencia, y que aunque se sintieron excluidas de los lugares donde se producía y disfrutaba de la cultura patriarcal, se pudieron revelar y se hicieron escuchar a través de sus textos.