Durante los estudios de este máster en más de una ocasión me preguntaron sobre el miedo a escribir de las mujeres, y yo no entendía, no sabía a qué se referían, no tenía ni idea que hubiese habido miedo, pensaba más bien que no les habían permitido hacerlo, que las habían ridiculizado, puesto trabas, hecho creer que no eran aptas para hacerlo....y claro, todo esto produce miedo y desconfianza en una misma. Así que cómo ha interpretado el feminismo el miedo a escribir fue uno de los temas que me llamó poderosamente la atención y ví que no iba mal encaminada. Las mujeres escritoras han expresado a lo largo de la historia su miedo a escribir, miedo a escribir que verbalizaban de diferentes formas: sintiéndose indignas en ocasiones, sin suficientes capacidades (por su sexo) para utilizar el medio escrito otras, medio que no sentían suyo porque la mediación con la que se debían expresar era supuestamente universalista pero no incluía a la mujer. Un espacio definido por y para los hombres, que por lo tanto resultaba ajeno para muchas mujeres, una cosa era acercarse para conocer y otra diferente producir en ese medio hostil. Miedo porque no había en la estructura simbólica lugar para ellas y si buscaban genealogía no la encontraban, o era realmente difícil encontrar. Miedo a las instancias de poder social que controlaban aquello que se podía decir, hacer y escribir. Instancias de poder al que ellas nunca pertenecían aunque fueran clase privilegiada . Miedo también a que su manera de hacer, de ser, de sentir y de estar en el mundo no fuera entendida, ni fuera significativa para éste (mundo masculino), a que lo escrito no tuviera valor ya que, aunque utilizaban la misma herramienta, no comunicaban lo mismo ni lo hacían del mismo modo a lo establecido. Al escribir debieron adaptarse, como el inmigrante que llega a un país con una cultura diferente, ellas debieron (para estar presentes) integrarse, fueron de alguna manera asimiladas por la cultura dominante, en este caso el patriarcado. Era un problema ser mujer, y ser mujer escritora un problema mayor. El feminismo ha interpretado este miedo a dos niveles: un nivel literal que se define por la lógica del poder social, donde se entiende que las mujeres van ocupando instancias del poder que compartirán con los hombres, estaría enmarcada en el principio de igualdad. Pero esto ha significado para la mujer prescindir de aspectos de su propia experiencia, de su sexo, para mantener así el orden simbólico establecido. Otro nivel de interpretación estaría en ése orden simbólico, miedo a no ser entendidas, a la incomunicación en definitiva. Que esas mediaciones que habían utilizado históricamente las mujeres para decirse no sirvieran sin una mediación viril, porque no serían entendidas ni admitidas, y por tanto acabarían siendo olvidadas porque no lograrían hacer orden simbólico ni para unos ni para las otras. Un simbólico que se debería ir trazando costosamente, porque en muchos casos sabían que no escribían para las mujeres (si hubiese sido así, probablemente no se hubiesen disculpado constantemente ni hubiesen tenido miedo a escribir, sino como prólogo para justificarse de cierta mediocridad, por ejemplo), o que su voz sólo llegaría a unas pocas privilegiadas. Me pregunto, ¿cuántas mujeres ante el miedo se quedaron bloqueadas y no escribieron? ¿a cuántas animaron para que no lo hicieran? ¿a cuántas probablemente ridiculizaron por el simple hecho de pensar que podían escribir? Machacadas constantemente, consideradas ignorantes, incapaces, inferiores, indignas…., ¿cómo podían creer que eran capaces de hacer y decir algo válido para un mundo en masculino? Tal y como señala Christine de Pizan en el prólogo de La Cité des Dames, dice que encontraba en todas sus lecturas párrafos vejatorios hacia las mujeres, que le hicieron dudar de sus propias capacidades y de aquello que sentía, aspecto que superó porque creyó en ella y se otorgó autoridad. Por suerte, muchas de ellas, como ya he dicho sobre Hrotsvitha, no se consideraron mediocres, tampoco endebles ni faltas de inteligencia, y que aunque se sintieron excluidas de los lugares donde se producía y disfrutaba de la cultura patriarcal, se pudieron revelar y se hicieron escuchar a través de sus textos.
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